Hombre y Mujer: la imagen compartida de Dios

Hombre y Mujer: la imagen compartida de Dios

Hombre y Mujer: la imagen compartida de Dios

Todos los seres humanos han sido creados a la imagen de Dios. Haga una pausa por un momento y deje que esa verdad penetre en tu corazón. Esta profunda declaración en el primer capítulo de las Escrituras constituye la base de nuestra comprensión del propósito de Dios para la humanidad.

Génesis nos dice que la humanidad ha sido creada a imagen de Dios: "hombre y mujer los creó" (Génesis 1:27). No fue un diseño accidental, sino una visión digna para la humanidad basada tanto en la relación como en la vocación. Recuperar esta visión nos ayuda a ver a la humanidad como Dios la quiso: hombres y mujeres juntos como participantes en los propósitos creativos de Dios.

Génesis 1:26-27 anuncia el propósito de Dios: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza". La estructura poética del pasaje enfatiza el punto mediante la repetición. Tres veces el texto se refiere a la "imagen de Dios", y culmina en la declaración de que la humanidad, creada a imagen de Dios, existe como "hombre y mujer". Por lo tanto, la imagen de Dios no está reservada para un solo sexo, ni se expresa más plenamente en uno que en otro. Tanto hombres como mujeres son igualmente capaces de reflejar el carácter del Creador.

Génesis 5:1-2 refuerza la misma verdad: "Cuando Dios creó al ser humano, lo hizo a semejanza de Dios mismo. Los creo hombre y mujer, y los bendijo". La bendición de Dios reposa sobre la humanidad en conjunto y reafirma que la imagen divina es compartida por igual por hombres y mujeres. Este pasaje también refuerza los temas de la relación y la vocación. Curiosamente, la narrativa de Génesis comienza con un llamado compartido en lugar de con una jerarquía. Eva no se presenta como un suceso posterior, sino como una socia esencial en la vocación de la humanidad. ¹ El texto bíblico coloca al hombre y a la mujer lado a lado como portadores de la imagen de Dios y participantes en los propósitos de Dios.

Inmediatamente después de declarar que la humanidad lleva la imagen de Dios, Génesis describe la misión compartida por la humanidad:

"Y Dios los bendijo con estas palabras: "¡Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sometenla!" (Génesis 1:28).

La tarea de administrar la creación ha sido confiada tanto a hombres como a mujeres. La vocación de la humanidad es, por lo tanto, comunitaria. Los propósitos de Dios para el mundo se llevan a cabo a través de la colaboración entre hombres y mujeres.

Génesis 2 proporciona una imagen más detallada de esta colaboración. Dios dice: "No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada". (Génesis 2:18). La palabra "ayuda" a menudo ha sido malinterpretada. La palabra hebrea traducida como "ayuda" es ezer. Es significativo que ezer se use con frecuencia en el Antiguo Testamento para describir a Dios como la poderosa ayuda o auxilio para Israel.²

La palabra también aparece en el nombre Ebenezer, que significa "piedra de ayuda". En 1 Samuel 7:12, Israel levantó una piedra y la llamó Ebenezer para recordar que "hasta ahora el Señor no ha dejado de ayudarnos". En lugar de sugerir inferioridad, la palabra ezer apunta a la fuerza y a una colaboración indispensable. La mujer fue creada para ser la compañera idónea del hombre, quien está a su lado para que juntos puedan cumplir el llamado dado a la humanidad. Adán reconoce esta humanidad compartida cuando declara: "Está si es hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Génesis 2:23). El lenguaje afirma la unidad, el parentesco y la igualdad.

La diferencia entre hombre y mujer no es un problema que haya que superar, sino un regalo dentro de la creación. Hombre y mujer juntos revelan la riqueza de la vida humana e invitan a la cooperación, la interdependencia y la prosperidad compartida.

La creación del hombre y la mujer juntos también refleja algo sobre la naturaleza de Dios. En Génesis 1:26 Dios dice: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen". Más tarde, los cristianos entendieron esta pluralidad a la luz de la Trinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo que viven en una relación eterna unidos por el amor santo.

Debido a que Dios es relacional, la humanidad creada a imagen de Dios también es relacional. La primera declaración de que algo en la creación "no es bueno" ocurre cuando el hombre está solo (Génesis 2:18). El aislamiento contradice el carácter relacional del Dios cuya imagen porta la humanidad.

Por lo tanto, hombre y mujer juntos forman la primera comunidad humana. Su unión refleja la naturaleza relacional de su Creador y modela la interdependencia que permite que la vida humana florezca.

Los primeros teólogos cristianos reflexionaron profundamente sobre el significado de la imagen divina. Afirmaron que los seres humanos fueron creados con la capacidad de crecer hacia la plenitud de la vida con su Creador. Cada persona está llamada a convertirse en "participante de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4). Como escribió Gregorio de Nisa, el alma se siente atraída "siempre hacia lo bello", creciendo siempre hacia la vida de Dios³. Sin embargo, el mal uso de la libertad humana ha distorsionado la imagen y la ha dejado necesitada de restauración.

Los padres capadocios entendieron la encarnación como el momento decisivo en la restauración de la imagen divina. Debido a que Cristo asumió la naturaleza humana, la humanidad misma pudo ser sanada y la imagen restaurada. Al tomar la naturaleza humana, Cristo restaura lo que ha sido dañado por el pecado. Es importante destacar que esta restauración incluye tanto a hombres como a mujeres. Gregorio Nacianceno escribe claramente: "La mujer pecó, y también Adán... Cristo salva a ambos por su Pasión".⁴

La encarnación también afirma la dignidad de las mujeres. Cristo entra al mundo en el vientre de una mujer. De esta manera, la historia de la redención afirma la participación por igual tanto de hombres como de mujeres en la salvación.

A lo largo de la historia, las interpretaciones de la historia de Génesis a veces han oscurecido esta visión original. Eva a menudo ha sido recordada principalmente a través del lente del fracaso en lugar de hacerlo desde el lente de la creación y el llamado.

Sin embargo, la narrativa bíblica no comienza con la culpa, sino con la bendición.

Antes de que el pecado entre en la historia, el hombre y la mujer están juntos como representantes de Dios en la creación, a quienes se les ha confiado cultivar la tierra, fomentar la vida y reflejar el carácter de su Creador.

Cuando los hombres y las mujeres se reconocen entre sí como portadores de la imagen y viven su vocación compartida, revelan algo hermoso sobre el Dios cuya imagen portan. En esa unión la humanidad comienza a redescubrir el destino para el que fue creada: reflejar la vida, el amor y la santidad de Dios.

Para la tradición cristiana, esta restauración de la imagen divina en última instancia apunta hacia la semejanza con Cristo. A través de la obra transformadora del Espíritu Santo, los creyentes son renovados a la semejanza de Cristo, la verdadera imagen de Dios. En esta renovación, los hombres y las mujeres juntos crecen en santidad, reflejando el carácter de su Creador y participando en la obra redentora de Dios en el mundo.

Carla Sunberg es superintendente general de la Iglesia del Nazareno

Notas finales

  1. Carla D. Sunberg y otros, Reclaiming Eve (Recuperando a Eva) (Kansas City: Beacon Hill Press, 2012).
  2. Sunberg, Reclaiming Eve, discusión del término hebreo ezer.
  3. Gregorio de Nisa, La Vida de Moisés.
  4. Gregorio Nacianceno, Oraciones Teológicas.

 

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