El regalo divino del día de reposo

El regalo divino del día de reposo

El regalo divino del día de reposo

El día de  reposo (Sabatt) es una práctica distintiva de la tradición judeocristiana. Ninguna otra civilización antigua reconoció la importancia de dedicar un día a la semana al descanso, a adorar a Dios, a disfrutar de la vida familiar y a reponer fuerzas para la semana siguiente. Incluso hoy en día, la costumbre de que los comercios y restaurantes cierren sus puertas durante un día de descanso y concedan a los trabajadores una jornada libre de sus labores parece desentonar con las normas culturales. Las personas no religiosas que no comprenden el significado teológico del descanso durante el Sabatt a menudo perciben esta práctica simplemente como una obligación religiosa o un ritual carente de sentido.

            Recuerdo una mañana de domingo, cuando yo era niño y asistía a la escuela primaria, que nuestro pastor predicó un sermón completo sobre las actividades en las que los niños no debían participar durante el día de reposo. Hace mucho tiempo que olvidé la lista de actividades que mencionó el pastor, pero recuerdo que daba la impresión de equiparar la diversión con el pecado. Recuerdo haberme preguntado por qué Dios se oponía tanto a que los niños se diviertieran y por qué Dios calificaba la diversión como pecado. A medida que estudiaba las Escrituras con mayor detenimiento durante mis años de universidad y seminario, comprendí que Dios nos otorgó el día de reposo porque buscaba nuestro bienestar. Él nos creó y sabe que necesitamos adorar y descansar cada semana.

El día de reposo, tal como se describe en Génesis 2:1-3, es mucho más que una simple práctica religiosa. Dios creó nuestra psique humana con la necesidad de este descanso. Permítame ilustrarlo con un ejemplo. Un experimento interesante de la historia nos recuerda que Dios diseñó la creación contemplando un día de descanso cada siete días. Durante la Revolución Francesa se estableció el calendario revolucionario francés, que estuvo vigente desde 1793 hasta 1805. Sus creadores pretendían eliminar toda la influencia religiosa de la nación y descristianizar a sus ciudadanos. El calendario constaba de una semana de diez días, con tres semanas por mes. Este cambio dio lugar a una mayor carga laboral para los trabajadaores, quienes debían trabajar nueve días consecutivos y contaban con un único día de descanso por "semana". Cada día se dividió en diez horas, cada hora tenía cien minutos y cada minuto tenía cien segundos. Por consiguiente, la "hora" del calendario revolucionario francés equivalía a 144 minutos de tiempo convencional. Como era de esperar, el calendario nunca gozó de popularidad entre los trabajadores, ya que entraba en conflicto con la forma en que Dios estableció la semana de trabajo para la humanidad y para los animales durante la creación. Napoleón abolió el calendario revolucionario francés en 1805.

El descanso de Dios.

            Siempre me ha parecido curioso que la Biblia destaque el hecho de que Dios descansó después de seis días de creación ¿Acaso el soberano todopoderoso del universo se cansa? ¿Tiene que apartarse de su labor para reponer fuerzas? No lo creo. Al igual que cualquier buen padre, Dios descansó en el séptimo día para ofrecerle a la humanidad un buen ejemplo de equilibrio entre el trabajo y el descanso en la vida. Aquellos que somos padres o abuelos debemos dar a nuestros hijos y nietos un buen ejemplo de la práctica del día de reposo, para que aprendan a hacer suyo el plan de Dios para sus vidas.

            Jesús enseñó a sus discípulos la importancia del descanso durante su ministerio terrenal. Habló con la autoridad del Dios que estableció el descanso para nuestro beneficio: «El sábado se hizo para el ser humano y no el ser humano para el sábado. Así que el Hijo del hombre es Señor incluso del sábado» (Marcos 2:27-28). Jesús quería que nos detuvéramos a evaluar nuestras acciones y cómo estas fomentan nuestra relación con Dios, en lugar de participar en una práctica servil de un ritual sin sentido. Jesús también abordó nuestra necesidad de descanso espiritual. Necesitamos este tipo de descanso tanto como necesitamos descanso para nuestros cuerpos y mente: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso» (Mateio 11:28).

Propósitos del día de reposo

  1. Necesitamos del descanso para dejar a un lado nuestras herramientas, apagar las computadoras y desconectar nuestros teléfonos móviles, permitiendo así que nuestro cuerpo, mente y espíritu se renueven. A la mayoría de nosotros nos tienta fácilmente la idea de trabajar duro un día más para terminar una o dos tareas pendientes. Debemos disciplinarnos para apartarnos de las obligaciones laborales cada semana.
  2. Necesitamos del descanso para apartar la mirada del ajetreo del mundo y centrar nuestra atención en adorar a Dios. Necesitamos adorarlo por quien es Él. Necesitamos cantar sus alabanzas. Necesitamos darle gracias por las respuestas a nuestras oraciones. Necesitamos recordar todo lo que Él está haciendo en nuestras vidas. Necesitamos contar las bendiciones que tan fácilmente damos por sentado. Necesitamos depositar todas nuestras preocupaciones, cargas e inquietudes a sus pies y dejarlas allí. Necesitamos escuchar un mensaje de Su Palabra y reflexionar sobre cómo aplicarlo a nuestra vida cotidiana.
  3. Todo lo relacionado con la adoración a Dios en comunidad nos recuerda nuestra total dependencia de Su providencia. Dependemos total y absolutamente de Dios para satisfacer las necesidades de la vida. Confiamos en Dios, y solo en Él, para cubrir nuestras necesidades vitales. Sin este recordatorio, podríamos caer en el orgullo de creer la mentira de que somos autosuficientes y de que hemos logrado todo en la vida gracias a nuestro propio esfuerzo.
  4. Necesitamos descansar el día de reposo para recordar nuestra realidad alternativa como ciudadanos del cielo. Pablo dijo: «En cambio, nosotros ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, al Señor Jesucristo» (Filipenses 3:20). Las publicaciones en redes sociales, los anuncios de televisión, las películas y todos los mensajes que el mundo nos lanza pretenden mantener nuestras vidas centradas en lo terrenal, con su propia cosmovisión y sistema de valores. El día de reposo nos recuerda quiénes somos y a quién pertenecemos.
  5. El descanso del día de reposo nos da la oportunidad de adorar, tener comunión, e incluso compartir una comida con otros creyentes de nuestra comunidad de fe. Necesitamos recordar que no estamos solos en el camino de la fe. El ejemplo de vida y el testimonio de los demás pueden ser precisamente lo que Dios utilice durante la próxima semana para animarnos a permanecer fieles a la causa de Cristo. Realmente nos necesitamos unos a otros.
  6. Necesitamos el día de reposo para llenar nuestra mente con los recursos espirituales que necesitaremos para la próxima semana. Las palabras de un canto de adoración pueden llegar a nosotros en el momento justo para recordarnos todas las provisiones espirituales que Dios tiene para nosotros al confiar en Él. Alguna reflexión del pastor durante el sermón puede recordarnos cómo estamos llamados a vivir como sal y luz en este mundo sumido en el pecado. La celebración de la Cena del Señor nos recuerda el alto precio que Jesucristo pagó por nuestra salvación y la victoria futura que será nuestra, al final de nuestra vida.

Un día de descanso para el pueblo de Dios

            El autor de la carta a los hebreos nos recuerda otro tipo de reposo del que disfrutamos como hijos de Dios. Hebreos 4:1-13 nos invita a comprender el día de reposo de otra manera: «Por consiguiente, queda todavía un reposo especial para el pueblo de Dios; porque el que entra en el reposo de Dios descansa también de sus obras, así como Dios descansó de las suyas» (Hebreos 4:9-10).

El día de reposo que Dios ofrece fortalece la esperanza. Nos conduce a la esperanza escatológica que encontramos en el reino de los cielos. Cristo nos invita a recibir su vida eterna mediante una relación con nuestro Dios trino. Disfrutamos de la vida eterna ahora y descansamos en la certeza de la vida eterna en el cielo al confiar en Jesucristo como nuestro Salvador personal, exclusivamente por la gracia y solo mediante la fe.

Me parte el corazón ver a los fieles de todas las religiones del mundo entonando cánticos, esforzándose, haciendo sacrificios, ayunando y peregrinando para ganar la salvación a través del esfuerzo humano. Hoy, Dios llama a toda la humanidad a aceptar el don gratuito de la salvación en Cristo Jesús (véase Hebreos 4:7). Ese don no solo nos otorga el perdón de nuestros pecados, sino que también nos proporciona un reposo eterno solo en Cristo, tanto ahora como para siempre. « Yo les daré descanso » (Mateo 11:28).

El descanso del día de reposo es un regalo especial de Dios para sus hijos.

Frank Moore fue editor general de la Iglesia del Nazareno del 2013 al 2021.